Experimenta y equivócate.

Experimenta y equivócate.

En mi antigua casa tenía una oficina muy grande, era mi lugar favorito en todo el mundo. Cada vez que abría la puerta suspiraba y decía “mmmm olor a felicidad”. Había algo especial en ese lugar que siempre recordaré con cariño y creo que una razón es porque en ese espacio me sentía libre, todas mis paredes estaban llenas de papeles, ideas, sueños “imposibles”, garabatos, todo lo que me inspiraba lo pegaba en las paredes. Volví a ser una niña.

Ahí desarrollé un hábito y desde entonces todos los sábados hago una revisión de las acciones de la semana para descubrir por qué suceden las cosas, inspeccionar y evaluar mi desempeño.

Si quieres hacer lo mismo aquí hay algunas preguntas que te puedes hacer y que son muy útiles:

  1. ¿Qué te propusiste hacer esta semana? ¿Cuáles fueron tus objetivos?
  2. ¿Qué pasó? ¿Cuáles fueron tus resultados?
  3. ¿Por qué pasó lo que pasó? Muchos porqués!
  4. ¿Qué puedes hacer la siguiente vez? ¿lo puedes mejorar?

Cuando entras en este proceso de revisión es natural que sientas que no estás avanzando porque te encuentras ante constantes cambios y ajustes, pero no te preocupes es parte del proceso. Hay una frase que aprendí en el curso 100 Days Challenge de Gary Ryan Blair y me ayuda cada vez que siento que no estoy avanzando. Es así:

“La gente altamente exitosa desafía las suposiciones, ataca las creencias auto-limitantes, estudia qué está funcionando y qué no, experimenta con estrategias y técnicas; y eventualmente averiguan que funciona para ellas, entonces las pueden poner en piloto automático y continuar con sus vidas.”

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Esta es la hoja pegada en mi pared para recordar que cada vez que hago un ajuste no es porque me equivoqué, sino porque estoy en un proceso de mejora continua. ¡Estoy experimentando, estoy jugando! Cuando lo ves así, dejas de sentir que fracasas y comienzas a hacer experimentos sin miedo. ¡No hay respuestas incorrectas! Sácate eso de la cabeza. En el colegio nos enseñaron que sólo existe una forma correcta de hacer las cosas y de adultos lo seguimos creyendo. Qué mentira más grande.

Experimenta, equivócate, vuelve a hacerlo y un día tendrás TU respuesta correcta, no la de alguien más.